Contenido

Sobrevaloración de la polla

Una conversación moderada por Bárbara Mingo

ÁLVARO POMBO

ISABEL ORDAZ

LUCÍA LIJTMAER

MANUEL JABOIS 

 

Hemos convocado a cuatro amigos para hablar de un tema que nos está inquietando bastante últimamente  porque nos parece que no se habla de otra cosa. No se habla más que de la polla. Todo el mundo ve pollas por todas partes. Cualquier objeto largo, estrecho o ancho, nos recuerda a una polla. Cada frase que oímos incluye varias pollas.  Nos parece un tema importantísimo. ¿Qué pasa con la polla? Nos preguntamos si os parece  que está sobrevalorada…

Álvaro Pombo:La polla está sobrevalorada, desde luego. Hay tres sobrevaloraciones: la sobrevaloración femenina, la masculina y la gay. Tres campos de sobrevaloración que se juntan en una especie de falocracia. La verdad es que “polla” es un vulgarismo: pone vulgaren el Diccionario de la Academia. Lo primero que me gustaría decir es que la polla está relacionada con el pecado ya en los textos clásicos, aunque se evita la palabra polla: “Ya me come, ya me come, / por do más más pecado había”, en La penitencia del rey Don Rodrigo.“Por do más pecado había” era la polla. Y tenemos a Miguel Hernández: “Como el toro estoy marcado / Por un hierro infernal en el costado / Y por varón en la ingle con un fruto”. Al asociarse el órgano de reproducción con el pecado ya no es de reproducción, se ha separado la función del órgano y se utiliza como objeto de placer. De manera natural se ha convertido en símbolo de otras cosas, como el poder del varón: “Los tiene muy bien puestos”. “Polla y huevos”, que van juntos…

 

Hablar de huevos es quizá desviarse del asunto…

Álvaro:Sí, pero a los huevos no los puedes separar de la polla. Forman el paquete. Hay expresiones como “apollardao”, que es muy andaluza, granaína, y que es estar atontao. Por otra parte hay expresiones como “polla boba”, que es un concepto canario. También hay una más que he leído en el diccionario: “polla lisa”; supongo que sin pelos. Todo ese campo semántico viene del chusco.

 

Este campo semántico tan amplio y tan propio del castellano, ¿quiere decir que en España, a lo mejor, hay más obsesión por la polla que en otros sitios?

Álvaro:No sé en otros sitios, pero en España yo creo que hay más palabras. Tenemos los “fardapollas”, playeros o piscineros; y luego tenemos la “gilipollez”. El único momento heroico de la palabra es cuando la polla se denomina “verga”. Porque verga por lo menos tiene un aire marinero: “Percha labrada convenientemente, a la cual se asegura el grátil de una vela”. Esto es mono, un poco fresco, por lo menos viene del mar. Pero también está la verga de los animales: las vergas de los toros y de los caballos copulando. Los animales usan
la verga pero no se la miran…

 

Sirve de metáfora para un montón de cosas.

Álvaro:Totalmente metafórico. Los perros y los gatos se chupan la polla. ¿Están los monos pendientes de sus vergas? El problema es que nosotros sí, porque somos conscientes. El hombre oye que oye y ve que ve. Ahí es donde empieza lo simbólico. En el mundo gay existen los llamados glory holes,los sitios en los que metes sólo la polla. Metes la polla —la polla individual— para que del otro lado se chupe o masturbe. Porque ya no creo que se pueda mucho más. Se llama glory holeporque da gloria verlo, parece ser. El nombre es, por supuesto, guasón. Proviene del pleno vulgarismo pre-sida. Y luego una cita de Cela: “Venga, Senén, enséñale la polla a este señor que no quiere creer que te llega a la rodilla”. El tamaño de la polla. Recientemente en Sálvame Deluxese comentó mucho el tamaño de la polla de Alberto Isla, visto por Chona, gay, y comentada por otras chicas: unos 20 centímetros en erección.

Manuel Jabois:Y el famoso Cipote de Archidona, también…

Álvaro:Estar bien dotado. Sin duda, Alberto Isla está bien dotado porque tiene 20 centímetros en erección. Este fraccionamiento del cuerpo, este erotismo soft porn,sirve sólo para hablar, lo curioso es que es todo mental… Es un estado mental porque se habla de ello, y se manipula también.

Manuel:A mí me parece que la sobrevaloración no es tal. La polla es un eje principal, porque es un órgano reproductor, es un repartidor de vida, como si dijésemos: un surtidor de vida. De todos modos, a mí me gusta el detalle —en estos tiempos de sofisticación, de alejarnos un poco de nosotros mismos en base al progreso científico, estético, etc.— de que la polla sea nuestra principal conexión con la barbarie, con el animal que somos. Es decir, hay muchas formas de engendrar vida ahora mismo, pero la habitual en humanos es subirse a horcajadas y gruñir. Volver al origen y acordarnos de que en el fondo somos animales y que nos reproducimos exactamente igual que los perros. Hay otros métodos, pero generalmente las parejas hacen el amor, follan. Por más que la sofisticación o la fecundación in vitro nos haga olvidarlo, siempre acabamos gruñendo. Hay otra cosa que me llama mucho la atención y es que en las esculturas siempre se representa la polla relajada. No hay esculturas clásicas con el pene erecto, no se refleja lo que se considera el esplendor de la polla…

Isabel Ordaz:A mí me llama la atención fundamentalmente la palabra. Y me ha parecido maravilloso esto que ha apuntado Álvaro de la disociación entre el órgano y la función. Es muy interesante; es así. Lo preocupante de la globalización del sexo es que ha dejado fuera de mercado a la erótica en sí; al erotismo. Al fin y al cabo estamos hablando de un territorio genital, nada más. Un órgano biofísico que tiene una función, como habéis dicho. Pero el problema de ésto es que hoy se ha barrido el erotismo. Acabas de mencionar el ejemplo de las representaciones clásicas, el Renacimiento entero está lleno de vírgenes que escuchan y posiblemente después se quedan embarazadas por ello. El erotismo es la palabra. El amor en la mujer entra por el oído. Es lo que yo entiendo. Entonces, creo que la sobrevaloración de la polla representa lo que tiene todavía el mundo de macho. Que es la lucha, que es la violencia, que es la ambición de poder y la supremacía sobre el territorio. 

Manuel:Venimos del reino animal. Es como un eco lejano del reino animal; es la selva, y ahí tienes que mandar. Afortunadamente van cambiando las cosas. Van cambiando lentamente, quizá demasiado despacio. Un león no puede decirle a la leona: ahora vas a mandar tú. Nosotros sí podemos, queremos hacerlo, necesitamos la equidad, pero todavía nos llega el eco…

Isabel:Hay otras notas; a mí me gustaría, si hay tiempo, leer el Cantar de los cantares, como un ejemplo de erotismo en contraposición a esa cosa sexual explícita.

Lucía Lijtmaer:A mí me gustaría apuntar que la polla está muy presente, está explícitamente presente como palabra, pero en los medios de comunicación no hay pollas. El otro día, por ejemplo, salía una noticia del casting que van a hacer con Ben Affleck para una película donde iba a salir una polla, pero nosotros no vemos explícitamente ninguna polla en ningún sitio. Salvo si hablamos de donde está siempre explícitamente presente y muy híper presente: en el porno mainstreamy en el porno gay. Pero no aparece en ningún sitio más. De hecho, ¿cuando hemos visto pollas en el cine? Antes apuntábamos al tema de Sálvame Deluxe, o de los grandes realities, donde están constantemente presentes sólo que verbalmente… 

Manuel:Sí, pero hay desnudos femeninos y sin embargo no hay
masculinos.

Lucía:Es como que está ahí. Hay una presencia constante del pene en la sociedad de consumo, pero nunca lo ves.

 

¿Y se llegarán a ver, o se mantendrá el misterio?

Isabel:Yo abogo por la pudicia. Forma parte de la intimidad que nos han robado. Todo es público. Todo está en la plaza pública. Esa intimidad necesaria tiene que ver más con el mundo de la erótica que de la pornografía. Un amigo mío me decía que el erotismo te deja pensar y
la pornografía no. Es decir, nos han robado el pensamiento. Con esta invasión de lo pornográfico que, aunque sólo sea a nivel de conversación, nos tiene ahí un poco eléctricos, morbosos…

Manuel:El porno es muy de nuestro tiempo; el pensamiento fraccionado de la urgencia. ¡Tengo diez minutos, rápido, me tengo que hacer una paja! Es como cuando estás leyendo en el metro; nunca lees un libro en el metro; vas leyendo unos párrafos, o vas leyendo un comentario en Facebook, o cualquier cosa, un artículo de prensa… pero para ese libro importante, esa película que a lo mejor te puede hacer pensar en ese erotismo, se necesita un tiempo que a lo mejor ya no se tiene. O se tiene, pero hay tantos estímulos alrededor que al final… el porno es una cosa de cinco o diez minutos; o dos.

Lucía:Pero yo creo que ese es el porno utilitario. Ahí es donde vuelve a entrar la polla como objeto… dentro de una mentalidad…

Manuel:Para satisfacer el placer inmediato. 

Lucía:Exacto, pero luego piensas en el porno entre chicas. ¿Por qué es necesaria una polla? ¿Por qué siempre o casi siempre en el porno mainstreamtiene que haber una polla? Simplemente porque se da por hecho que sin ella no hay placer.

Álvaro:Sin embargo yo he visto muchísimo porno, antiguamente —porque yo ya no veo porno ni veo nada—, en Londres, en aquellos cines. Y el porno era las chicas haciéndolo entre ellas y produciendo la estimulación sexual en los chicos, dentro de la misma película. Es decir, es como si la mujer fuera más erótica que el hombre y, por consiguiente, más estimulante. Como si la mujer tuviera el secreto motriz y el hombre solo tuviera el de subirla y bajarla, con el interesante momento del gatillazo; casi el momento más interesante de todos. 

Isabel:¿Por qué? ¿Porque hay un drama?

Álvaro:Hay un minirrelato, que dicen ahora.

Isabel:Empieza la película…

Manuel:Hay una audiencia mayoritariamente masculina en el porno. A lo mejor un 60-40% o 70-30%, no lo sé, pero esa es mi sensación. Conozco a muchísimas mujeres que ven porno. Pero he crecido, como casi todos los hombres, con una pandilla de pajilleros perdidos. Ocurre que cuando ves el sexo entre mujeres llega un momento, a veces, no siempre, en que tú quieres follártelas. Entonces mandas a alguien, sale el actor: “Vete tú, como si fueses yo”. Y entonces cuando ves las posturas dices aquí estoy yo debajo, encima o lo que sea. Yo creo que puede haber mucho de eso. No suelo necesitar que vaya ningún americano por delegación, pero sí que es verdad que llega un momento… ¿Por qué un hombre heterosexual necesita ver una polla? Es su polla la que está allí, no es porque le guste la polla de este señor, es porque quiere ver cómo se la folla porque quiere imaginarse que es él el que está haciendo eso. Subarrendar el polvo.

Álvaro:Yo creo que el origen de todo esto es el narcisismo. 

 

Tú antes hablabas de un robo de la intimidad…

Isabel:Como una especie de desplazamiento.

 

Que a la vez supone también una imposición de unas formas de pensar, de hablar incluso, porque no es lo mismo estar hablando de pollas todo el día…

Isabel:...que de tetas, por ejemplo. Si me permitís, hay en el Cantar de los cantaresuno de los tantos bellísimos momentos en que el amado describe a la amada: “Que tú eres hermosa, oh compañera mía, que tú eres hermosa. Tus ojos de paloma entre tus copetes. Tu cabello como manada de cabras que miran desde el monte Galaad. Tus dientes como manadas de ovejas trasquiladas que suben del lavadero, que todas paren mellizos, y estéril no hay entre ellas. Tus labios, como un hilo de grana, y tu habla hermosa. Tus sienes como pedazo de granada dentro de tus copetes. Tu cuello como la Torre de David, edificada para enseñar. Miles de escudos están colgados de ella; todos escudos de valientes. Tus dos tetas, como dos cabritos mellizos de gama que son apacentados entre los lirios…” Como véis no se ha mencionado a la polla para nada.

Álvaro:Pero tampoco se menciona la copulación.

Isabel:Tampoco, porque es el previo.

Álvaro:Un libro que tuvo mucha fama porque se mencionaba explícitamente por primera vez la copulación en Inglaterra fue Lady Chatterley’s  Lover.Realmente lo que cuenta es cómo copula Lady Chatterley con el jardinero y cómo el intelectual no copula bien. Y este tema de Lady Chatterley se ha utilizado mucho, lo formuló también Forster en su novela Maurice: ese chico de la clase baja; el jardinero, el camarero, el que tiene el verdadero vigor sexual y la espontaneidad, mientras que la clase alta está, por así decirlo, desvigorizada. 

Lucía:También son interesantes los mitos que surgen respecto a la raza y la clase social. Me estaba acordando del Marqués de Sade y todo el tema de Justine y Juliette donde la polla se menciona constantemente no sólo por lo largo, sino también por lo ancho; cuántas pulgadas tiene… Y siempre son los pastores napolitanos, hombretones, que se pueden follar bien a estas perversas. También se traslada a grandes mitos del siglo XX como Porfirio Rubirosa, el gran playboy, que se ve que tenía un miembro tan descomunal que dio nombre en la cultura culinaria al pimentero ese grande que te ponen en los restaurantes italianos. Es un rubirosa. 

Manuel:O de Rasputín, que lo tiene en formol, como una cosa digna de exponerse. Tienen a Lenin y el pene de Rasputín…

Isabel:Y nosotros tenemos el brazo de Santa Teresa.

Manuel:Incorrupto, sí, y las flores frescas encima del caudillo.

Isabel:Es bastante femenino el país.

Álvaro:Fíjate los sinónimos de polla, que los sabéis todos, pero los tengo aquí para coleccionar: pene, falo, miembro, príapo, pudelo, carajo, carallo, chorla, choto, cipote, cola, mandarria, minga, nabo, órgano, paloma, paquete, picha, pichula, pico, pija, pijo, pilila, pinga, pito, polla, rabo, reata, y esto es mexicano, ripio, tolete, y verga. Todos son burlones. Ripio incluso. 

Manuel:Y pirola.

Álvaro:Pirola no la tengo. 

Manuel:Se dice muchísimo en Galicia pirola, es muy habitual.

 

Uno de los avances civilizatorios de la humanidad es que el hombre está intentando dominar a su polla. ¿Creéis que la polla tiene una cierta autonomía, que la polla tira y el hombre va detrás como puede? 

Manuel:Es un tema interesante. ¿Las tetas provocan a la polla o la polla va detrás de las tetas? Se han iniciado tantas guerras por culpa de amores, por culpa de pasiones desaforadas, un señor casi pierde la Casa Blanca por no contenerse… Evidentemente hay un elemento de seducción, incluso involuntario. Es decir, estás aquí sentado y de repente entra una mujer, estás con tu propia mujer, y de pronto tienes un deseo incontrolado de poseer, volviendo al término macho, de follar. Tú eres una persona, imagínate, muy estudiada, sabes lo que te está pasando y aun sabiéndolo eres incapaz de controlarte. Sabes que no merece la pena, que puedes relajarte, estarte quieto y hacerlo de otro modo, y sin embargo hay algo superior que te empuja, te levanta… Yo he visto a muchos hombres perdiendo los estribos, arriesgando muchísimas cosas valiosas por culpa de ese tema.

Isabel:Yo creo que la cosa de autonomía y miembro es algo biológico. Y esto le pasa al hombre con su aparato y nos pasa a nosotras cuando nos sentimos excitadas con catorce o quince años por nuestro vecino de barrio. Es el grito de la naturaleza en una determinada etapa de la evolución. Cuando ya nos hacemos mayores el asunto hormonal pasa a un segundo plano. Nos conquista la cultura o lo social, que siempre es un conflicto abierto. Es autónoma en la medida en que está hormonalmente viva. Luego muere un poco.

Manuel:Ya no puedes ir detrás de la polla.

Lucía:Sobre todo lo que tú decías, ¿qué pierdes por el camino? También una tía puede perder mucho por un polvo. También puede perder a su familia. 

Manuel:Por supuesto, sucede igual.

Lucía:Según la estructura en la que estamos, echar un polvo fuera del lecho conyugal implica una pérdida. Pero yo estaba pensando —y eso es algo que he comentado con muchas mujeres— que la primera vez que ves una polla no necesariamente es cuando tú quieres. Porque las mujeres, las niñas, todas las mujeres que yo conozco, la primera vez que han visto una polla ha sido porque se la ha enseñado un tío en el bus, en el metro… Esa primera visión que es inesperada, tiene que ver con eso, con un descontrol por parte del otro.

Isabel:Pero ahí hay una anormalidad. A mí evidentemente fue un señor en una escalera cuando tenía diez años. Es como un clásico. 

Lucía:Por alguna razón es un rito de iniciación femenino.

 

Al haber perdido la polla su función estrictamente reproductora, ha multiplicado su potencia icónica...

Álvaro:Que representa, digamos, la glotonería, una especie de querer comer más arroz, más paella de la que puedes. Funciona como una neurosis, en realidad. Lo de la sexualidad, en gran medida, funciona como una neurosis. Se habla de la neurosis homosexual, pero también se puede hablar de la neurosis heterosexual; es decir, la imposibilidad de contenerse. ¡Mojar, tengo que mojar! Lo que pasa es que el tema que estamos tratando es la sobrevaloración de la polla. Yo creo que el feminismo más radical está luchando por la castración de la polla. Hemos terminado, podemos hacer una inseminación artificial. Si podemos hacer una inseminación artificial no necesitamos al varón para engendrar. Hijos sí, maridos no. Y el varón es una plasta.

Isabel:Yo creo que la plasta es el macho. El varón…

Álvaro:Ya, ya, más bien es el macho, claro.

Isabel:A mí me gusta el varón amigo; el varón amigo está totalmente censurado también en la sociedad. Hay una especie de imposibilidad de relación de paridad, precisamente por todo lo que estamos hablando. 

Álvaro:“Entre santa y santo pared de cal y canto”, se decía antiguamente. Hombre, la sexualidad es un inconveniente. En el libro de este francés tan de moda, Houellebecq, La posibilidad de una isla, los súper hombres o extra hombres como los llama, ya no tienen agitaciones sexuales porque realmente son una molestia.

Manuel:Como cualquier vicio, cualquier placer o pasión.

Álvaro:No necesitan comer porque sintetizan una cosa del aire, ni que digerir. Los horrores de la digestión… Y los horrores de lo poscoital: la tristeza. Porque está muy bien la erección ¡bum! Pero ¿y después? ¿La polla dura qué te da? 

Isabel:¿Y no pensáis que eso es un peligro increíble? El dejar de tener una cierta deuda con la carne. Porque es que ahí viene Hitler. No viene nadie más que Hitler. Es decir nos ponemos en la idea pura platónica y entonces, a partir de aquí, invadimos Polonia. 

Álvaro:No, porque Hitler tenía una idea muy clara de que había que aumentar la especie.

Isabel:Pero no él, porque no podía.

Manuel:Una frase de Mussolini: “Al no poder abrazar a una mujer abrazó a la humanidad”. 

 

Y la abrazó demasiado fuerte.

Manuel:A falta de polvo invades Polonia. Y a falta de sacarte el pene, vértelo y estar orgulloso de él, sacas una hilera de tanques y dices, pues ahí la tienes.

 

Eso es la sobrevaloración de la polla como en negativo, o sea como una incapacidad que se sublima para el mal. ¿Creéis que alguien rabiosísimo podría acabar con el mundo…?

Manuel:No solo tiene la función de asentar la masculinidad y menos en ese único aspecto malvado, sino que puede ser un servicio. La polla como servicio. No público, sino privado. Es también un instrumento de placer para los amantes masculinos o femeninos porque al fin y al cabo no se hace daño cuando estamos dándonos placer. También hay que tener esa perspectiva, no siempre va a ser la del rey de la selva sino también la del servidor. 

 

Eso hace pensar en el sexo por pena, una cosa como maternal, como de mujeres. Yo no sé si los hombres pueden hacer eso por compasión o por educación…

Manuel:No siempre que se folla, sobre todo en las parejas asentadas, o en matrimonios, uno de los dos tiene tantas ganas como el otro. Siendo hombre o siendo mujer…

Lucía:Sí, pero eso es entre dos personas que se supone que se gustan y tal…

Manuel:Simplemente, pues oye, a veces no me apetece cocinar o no me apetece comer ésto y se hace. Y además, tanto el hombre como la mujer tienen la capacidad de poder hacer el amor sin tener las ganas al cien por cien. 

Lucía:Yo creo que ella se refería más a los encuentros casuales cuando se dice “Bueno ya que estamos aquí”…

Álvaro:Lo que se ha sobrevalorado no es quizá tanto la polla como el acto sexual. Quizás no sea tan necesario. Epicuro decía: “Es natural pero no es tan necesario como comer o beber”. No se tienen tantas ganas después de todo. No lo digo porque a mis 75 años pensaréis que ya… no le dura ni un segundo. Pero ¿y si no fuera tan importante? Porque la verdad es que en la vida de una pareja bien avenida o en una pareja de amantes, el sexo ocupa un lugar relativamente pequeño. Quiero decir, hasta para los más dotados amantes. Hay una gran parte que es hablar o hacer cosas juntos. 

Isabel:Yo creo que es como lo de la tercera edad y todos esos maravillosos viajes a Benidorm. En realidad los tienen a los pobres bailando bajo una tienda de campaña horas y horas con un cuenco de arroz… Eso puede pasar con el sexo también, que una vez más hemos sido colonizados por la publicidad. Todo esto es un tejemaneje de la publicidad. Tú vas en el autobús y allí nadie habla de sexo, ni en la calle habla nadie de sexo… Pero en última instancia te anuncian un coche, nenuco, un gorro para la lluvia… y en todo hay unas curvas, unos pechos, unas vergas, unas tal, unas cual…

Manuel:Hay una conversación con uno mismo que sí suele girar en torno al sexo. Cuando vas en el ascensor y la gente está callada, la conversación que tiene uno consigo mismo y que evidentemente no hace pública, puede tener mucho que ver con el sexo.

Isabel:¿En un ascensor?

Manuel:Sí, sí, claro. Quizá yo no sea muy normal, pero cuando entro en un ascensor a veces pienso: “Qué bonito sería…” Hay una conversación con uno mismo que no tiene nada que ver con miradas, ni con el acoso gestual ni con nada de eso. Echas una ojeada, dices: joder, qué buena está, y piensas, me la follaba.

Isabel:Personalmente en un ascensor yo quiero ser seducida y seducir, pero no pienso en la penetración, nunca. Pero sí que pienso en ser mirada con deseo. Eso sí que pasa. Y supongo que al hombre también. O a lo mejor el hombre da un paso más y siempre va directo…

Manuel:No sé si se puede generalizar, a lo mejor lo mío es producto de que yo he vivido muchos años en un cuarto piso sin ascensor. Y cuando tengo uno, digo, ¡por fin! ¿Y ahora qué se hace?

Álvaro:Las chicas son guerreras.

 

Hablamos de que la polla está sobrevalorada como un icono idolátrico universal y que tiene una función de representación superior a cualquiera de los restantes órganos físicos, como por ejemplo las tetas, que pueden ocupar un segundo lugar más pop. Porque la polla no es pop, las tetas sí. La polla aparece como un elemento agresivo. La sobrevaloración viene dada también por la dimensión del miedo que produce; a unos y a otros; al propio dueño y a los hipotéticos receptores.

Manuel:Hay una frase que se hizo famosa hace años de un pobre desgraciado que entró borracho en un puticlub; cerró la puerta y dijo: “Esta noche manda mi polla”. Salió en todos los periódicos. Hay una psique, un mensaje subliminal cuando hablamos del control y del descontrol. ¡Esta noche manda mi polla! Sacarla, ponerla encima de la barra, y aquí estoy yo. No, no, tú no, es tu polla. Esa asociación de yo soy mi polla. Álvaro, aquí hay algo relacionado con el ser, ¿no?

Álvaro:Con la voluntad de poder, también.

Manuel:Sí, esta idea de “uno es su polla”.

Isabel:Las tetas, de alguna manera, representan el amamantamiento; el mantenimiento de la vida. Son la dulzura, el acogimiento, el seno… pero esta polla agresiva, como desfasada de la realidad, yo creo que tiene que ver con una manipulación ideológica desde el poder, desde la economía, la televisión…

 

O sea que hay una voluntad de que la gente esté hablando de eso, y le interese…

Álvaro:Es una crítica de la masculinidad. ¿Por qué hay fardapollas, obviamente con slip? Hay fardapollas, pero la mujer no farda. La mujer no farda del coño, con perdón, o de las tetas… 

Lucía:De las tetas más. Pero nunca se dice de una mujer “tiene un coño espléndido”. 

Isabel:En la tele todo el rato…

Álvaro: ¡Un culo, sí! 

Isabel:Sí, sí, se dice ¡cómo tiene el coño! 

Manuel:Esos son unos personajes…

Isabel:Bueno, pero es televisión. Es una ficción que ven cinco millones de españoles, desgraciadamente, o afortunadamente para nuestro mundo laboral…

 

¿Eso es literal? ¿Cómo tiene el coño de bonito?

Isabel:Cuáles son sus características, su color, su apertura…

Álvaro:Lo tengo rubio o aquella cosa que se decía…

Isabel:¿Se lo tiñe o no se lo tiñe?

Manuel:Como los pelos que coleccionaba el Marqués de Leguineche en sus botes... Vagamente inspirado en un personaje real de Madrid del que no podemos hablar aquí… 

 

¿Se habla de eso?

Lucía:¿Del coño? Sí. Más por el tema de moda ahora de si depilación o no depilación. Creo que también tiene que ver con la situación política actual. El tema del aborto ha vuelto a traer consignas populares en las que el coño está presente. 

Isabel:Hay una procacidad general de lo sexual por lo sexual para que de alguna manera pensemos menos.

Álvaro:Yo eso no lo veo tan claro.

Isabel:No, no. No es esa cosa de la teoría de la conspiración… no me refería a eso. Pero sí que de alguna manera, desde los medios de comunicación, desde la publicidad misma, hay una especie de deseo de tener a la ciudadanía con si me lo hago a la brasileña o no me lo hago a la brasileña… 

Manuel:Pero esto que dice Isabel sobre la procacidad general, va en detrimento de la mujer. Se aguanta cada vez más el baboseo. Hay mucho baboseo. Es verdad que no es delito pero tampoco es cómodo estar hablando con alguien y estar mirándole las tetas. Es desagradable. Aunque como dicen los niños el aire es de todos. 

Lucía:Además no es verdad. Parece que todo el mundo está deseando follar todo el rato y a lo mejor, pues tampoco.

Álvaro:Todo el mundo está deseando sentir. Deseamos sentir más la ensoñación, la emoción subjetiva que su realización. Aunque eso que cuenta Jabois es verdad, es cierto, yo lo veo también en mí, eso del deseo. O digamos… la calderilla del deseo. 

Manuel:Sales a la calle deseando sentir. No tienes por qué actuar pero sí por lo menos sentir.

Lucía:El tema es que también pasa en el trabajo. En Estados Unidos la regla de que tu jefe no te puede invitar a cenar, y todas estas cosas, evidentemente tiene una razón de ser por el acoso sexual. Es necesario frenar ciertas actitudes, pero yo me pregunto: ¿cómo se reglamenta la seducción? Porque no encuentro respuesta… 

Manuel:Sí, ¿dónde está la frontera? ¿Cuál es el límite de la sensibilidad de cada uno?

Lucía:Claro, es algo indeseado o indeseable que un tío te esté baboseando, pero otra cosa es que pueda surgir la seducción y que sea de común acuerdo, que sea bonito, y que incluso acabes saliendo con alguien de tu curro.

Isabel:Llámese ética o llámese moral, en esta especie de huevo y gallina de la seducción, me parece que sí que es importante para el sexo el respeto al no uso del otro. Que es una de las características de la pornografía o de toda esa literatura más oscura. En la medida en que el otro está para tu uso, empiezas a saltarte unas reglas, unas fronteras. Hay un código moral… 

Lucía:Pero ahí volvemos a lo que he mencionado antes, que en muchas ocasiones cuando se reglamenta algo, cuando estableces una ley y nombras algo que antes no lo estaba es cuando aparece la perversión. 

Isabel:Eso es un melón increíble. 

Lucía:Total.

 

Y no habéis respondido a la pregunta de si la polla da miedo…

Lucía:Hombre, depende de lo que te encuentres.

Isabel:Sí, da miedo.

Álvaro:Yo tengo idea de que da miedo a las chicas la primera vez. 

Isabel:Da miedo, da miedo.

Álvaro:¿Porque duele? Porque la penetración duele, ¿o no?

Lucía:Pero puede dar miedo no solo a las mujeres.

 

Digo miedo en general. A los que la tienen, a los que les falta, a los que les sobra…

Álvaro:Hoy en día más que miedo lo que produce es un gran tedio. Una de mis objeciones a la festividad gay es realmente el tedio. Vamos a ponernos todos un slip… Me parece muy bien la libertad y la reivindicación de los derechos. Estoy totalmente de acuerdo con todo eso, pero de repente lanzamos condones y vaselina y produce tedio. La polla cansa. Es como si yo me sintiera en un proceso como de regreso… al pudor. No quiero que me enseñen más pollas, ya las buscaré yo. Ni más desnudos, ni más exhibiciones de bailes brasileiros encima de coches. ¿Por qué se tienen que poner un fardapollasy no un Meyba, como todos en mi época, que era aquella pantaloneta, y estábamos muy atractivos también, yo me acuerdo, con el Meyba.

Manuel:El Meyba fue la única víctima de Palomares. Ahí no se recuperó jamás, se quedó para los restos ahí.

 

Por cierto, hablando de pollas no hemos hablado de la paja…  

Manuel:Es verdad no hemos hablado del culto a la paja. La devoción a la propia polla. La gente que se agacha y que se quiere quitar unas vértebras… 

Isabel:¿Pero hablamos sólo de la polla o también de la masturbación femenina?

 

Sólo de la polla…

Isabel:¿Y de la masturbación masculina desde la perspectiva autista o desde la perspectiva de que la otra te lo haga?

Todos:Autista

Isabel:Ah, lo otro ya es sexo normal y corriente.

Álvaro:Como decía Antonio Machado: “A veces sabe Onán mucho que ignora Don Juan”. No se puede hacer ninguna campaña pro onanismo ni nada así, pero es sin embargo un dato que todo el mundo…

Lucía:Está muy presente.

Álvaro:Está muy presente por lo menos en los chicos. 

Lucía:Y además en la cultura general de la adolescencia. En cambio entre las chicas, la masturbación es una cosa de la que no se habla jamás. Ahora más, pero cuando yo era adolescente, con tus amigas no hablabas de eso.

Manuel:Como las escenas de instituto, de cinco amigos con el VHS y con el papel higiénico. Es que era una cosa tremenda…

Lucía:Eso sí que está representado en todas partes. 

Manuel:Y la paja tiene también una función para dormir. O sea, ya no quieres ni el placer del orgasmo, quieres la paja de “me duermo”.

Lucía:De relajarse. 

Manuel:Me tengo que hacer una paja como si te tomas una dormidina. Te quedas bocabajo con la baba y te quedas frito… Y esto en los aviones no lo puedo hacer, entonces echo mano del “tranki”. Pero en casa, algunas veces, como tenga insomnio... 

Álvaro:Yo estoy completamente con esa teoría. Te da un sueñecillo… Yo duermo mal, me tengo que tomar píldoras fuertes.

Isabel:Hay consenso. Es como una cosa privada. Up to you

Álvaro:El tema propuesto era la sobrevaloración de la polla, pero si hubiéramos sido convocados para hablar de la valoración de la polla habríamos insistido mucho más en lo gay. Y hubiéramos hecho, por ejemplo, el elogio de la polla, y de la virilidad, del medio morcillón, y de todas las fases… no hay muchas. El problema del elogio de la polla es que no da gran cosa de sí. Se puede describir en acción; la media acción, el medio morcillón, la mamada… se puede describir la mamada, el pajote, la penetración, el gatillazo, de gran interés escénico, pero sin embargo yo creo que el cuerpo humano sí que da de sí. 

Isabel:Es que la propia anunciación de la convocatoria creo que ya da el diagnóstico. Se habla de sobrevaloración. Hemos sido convocados al análisis de la sobrevaloración con lo cual se acepta que hay una impresión general de que esto ya se ha salido de cauce total.

Álvaro:Podríamos hablar de esto durante una semana. Me ocurre que cuando se llega al final es cuando el tema empieza a parecerme más interesante. Ahora es cuando estoy en condiciones de empezar.

Bárbara Mingo Costales

Bárbara Mingo (Santander, 1978) ha publicado los libros de poesía De ansia de goznes mi alma está llena y Al acecho, trabaja como redactora en El Estado Mental y escribe crítica de ópera para La Playa de Madrid.

 

 

Álvaro Pombo (Santander, 1939) es poeta y novelista. Se licencióen Filosofía y Letras y es Bachelor of Arts en Filosofía por la Birkbeck College de Londres. En su obra destacan títulos como El héroe de las mansardas de MansardEl metro de platino iridiado El temblor del héroe en narrativa, y Variaciones o Protocolos en poesía. Es miembro de la Real Academia Española desde diciembre de 2003.

Isabel Ordaz (Madrid, 1957) es actriz de teatro, cine y televisión. Entre los premios que ha recibido destacan el de Mejor Actriz Revelación, el Silver St. George y el Golden Egret que obtuvo en los Goya y los festivales de Moscú y Miami, respectivamente. También ha publicado libros de narrativa y poesía, como Flor de alientosNo sé Poemas de Palestina.

Lucía Lijtmaer (Buenos Aires, 1977) es periodista y escritora.Ha escrito en ADN y Público, ha organizado eventos en el CCCB, ha sido profesora universitaria, ha montado programas de radio, ha traducido a Jarvis Cocker y ha coordinado el ciclo de La Casa Encendida Princesas y Darth Vaders. En la actualidad escribe en eldiario.es.

Manuel Jabois (Sanxenxo, Pontevedra, 1978) es periodista y escritor.Ha publicado Grupo SalvajeManu e Irse a Madrid. Escribe en El Mundo y el Diario de Pontevedra, y colabora con Jot Down y Radio Onda Cero.