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POR Claudio Molinari Dassatti

29 Agosto 2016

Orna Donath es socióloga, autora de varios libros sobre género y, contrariamente a lo que se espera de una mujer de cuarenta años, no tiene hijos. Mientras investigaba uno de sus estudios, Donath notó que sus entrevistados le machacaban una y otra vez que se iba a “arrepentir” de no tener hijos. Cansada de estas admoniciones con el dedo en alto, literalmente se embarcó en un estudio sobre este tabú particular y con celo científico consiguió recogió testimonios de 23 madres de todo el espectro social israelí. En 2015 publicó #madresarrepentidas. Una mirada radical a la maternidad y sus falacias sociales (#regrettingmotherhood. Wenn Mütter bereuen; edición en español de Reservoir Books, 2016). En su país natal, donde las mujeres tienen como media unos tres niños, la polémica en torno a su libro se extinguió en apenas una semana; seguramente por el mito establecido de la madre judía sobreprotectora que se desvive por sus hijos. En cambio en Alemania, donde a las madres se les exige todo y más, el libro causó un revuelo considerable. Quizá porque en ese país el mito establecido es totalmente diferente: el de la “madre cuervo” o

POR Camilo Alzate

28 Agosto 2016

La mañana del 4 de mayo de 2001 un hombrecito moreno y despeinado se sacaba sus gafas de cristal ancho, como jarrones, antes de echarle sorbos al café insípido y desabrido mientras ojeaba los escaparates céntricos de Dublín. Inexplicablemente sonrió. Qué curioso, le regocijaba esa ciudad húmeda, parroquial, pero de un extraño sentido contemporáneo. Esos pubs en los que cualquier borracho contaba leyendas de mil años atrás como si hubiesen sucedido apenas la última semana, ancianos de ochenta reunidos con adolescentes a bogar barriles de cerveza agria, repertorios de calles adoquinadas guardando muros de ladrillo en los que orinó borracho Samuel Beckett, pórticos y ventanales de los tiempos de Stephen Dedalus y Leopold Bloom (también borrachos), tan helada aunque alegre, tan marginal aunque europea. Tan rebelde.

POR Ángel Alonso

27 Agosto 2016

Ante mí, un telón cerrado. Y tras el telón una especie de pasillo. Tiene que haber una pared al fondo. Pero no la veo y quiero tocarla, cuando súbitamente viene a mi cabeza una imagen televisiva que quizás no exista pero que quiero recordar: alguien corre por un pasillo cuya pared de fondo se aleja irremediablamente. Necesito recordar esa imagen porque necesito también tocar lo que acaba de aparecer entre el telón apartado y la pared que siento alejarse. Pero no puedo y, por eso, recuerdo. Quizás en la próxima ocasión pueda tocar ese mundo tan amenazante, virginal y puesto a la deriva. Sí, quizá el próximo paso de LRM Performance sea que pueda tocar lo que creo son criaturas marinas o crustáceos arborescentes. O, a lo mejor, me dejan acariciar y remirar todo cuando las luces se enciendan y Kowloon haya desaparecido. Pero sigo en la penumbra y tan cerca siento el mar dentro del pasillo que el sonido de una puerta es para mí el de un barco al borde del naufragio. Mundos amenazadores a los que uno desea acercarse, un poco como le sucedía a David Drayton en La Niebla (Frank Darabont, 2007), cuando bajaba de un coche y miraba el solemne

POR María Vela Zanetti

27 Agosto 2016

Ver la serie completa:Nuevas notas tontísimas

A mí, la robótica, me sigue sonando a bromazo; a ciencia aplicada al peor instinto ¿humano? de desposeer de dignidad a todo aquello que acaba pareciéndonos inútil, viejo y, en definitiva, a todo lo que al impaciente genio mecánico le sobra o no es capaz de entender o “procesar”. Lo diré de una vez, los robots son los nuevos juguetes; más aún, la nueva excusa ¿De dónde sale la idea? Muy sencillo, no es ni más ni menos que una mistificación colosal que pretende convertirlo todo en juego y cuya base se cimenta sobre los “juguetes rotos”. Si os acordáis, los “juguetes rotos” son, en lenguaje figurado, los losers, una especie de rebaba que la marea devuelve a la orilla. No conozco a ninguna persona de bien que utilice esta palabra y oírsela a los desaprensivos es causa suficiente de ruptura total. Sólo aviso. A algún prestigioso psicópata, un winner, para seguir con la matraca, se le ha ocurrido esta maniobra de rescate o de lavado de imagen —en realidad, de fregado de imagen, a juzgar por la sañuda energía utilizada— y ya tenemos aquí, ¡faltaría más!, al anhelado superjuguete: el dron. Es para morirse de risa si no fuera porque, como decían en aquel

María Vela Zanetti

El Ojo Extranjero

Testimonio

La mala fama

  • Los desconciertos de EEM Radio
    Javier Díez Ena
    VVAA
  • Enfermos en el paraíso
    Marbella
    José Manuel Ruiz
  • El pentagrama esmeralda
    El método Rimsky-Korsakov
    Bárbara Mingo Costales
  • En la zona
    Chamanismo
    Bruno Galindo
  • Ultramarinos
    Sifón
    Laura Guillén
  • El estado musical
    Travelling
    Miguel Callejón
  • Mediateletipos
    Andrea Zarza
    José Luis Espejo
  • Perros verdes
    Comedia revulsiva, imagen de la gentrificación
    Diego Salgado | Ignacio Pablo Rico
  • Las periféricas
    Manuel Vilas
    Alejandro Simón Partal
  • España
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    Diana Aller
  • Isla Paraíso
    Delirio(s) en la periferia
    Elisa McCausland
  • Moscas y arañas
    InsTINTO de verano
    Charlie Mysterio | Javi Bayo
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Una habitación sin feedback
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Velocidad acelerada
El último chiste en la tierra
Adrián Villar Rojas

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