Contenido

La bohemia en el capitalismo

La bohemia en el capitalismo

En una de sus cartas a Theo, Vincent Van Gogh trata de explicar su rol productivo en la sociedad. Se define como un “holgazán a pesar suyo, que vive interiormente corroído por un gran deseo de acción, y que si no hace nada es porque está imposibilitado para hacerlo, porque se encuentra como prisionero de algo, porque no tiene lo que necesitaría para ser productivo, porque la fatalidad de las circunstancias lo ha reducido a este punto”.

Modo lectura

El pintor se sabe productivo porque “lo siente en su interior”, pero no encuentra el modo de canalizar su potencial a través de una tarea que lo materialice, a la par que revierta en un provecho público y se halle socialmente integrada. Un posicionamiento que puede resultar extrañamente familiar en la actualidad, y tras el que se intuye una tipología de aberración de la personalidad en la Modernidad, que se da en el choque entre las expectativas expresivas del sujeto y los mecanismos culturales que regularán su actividad constriñéndola en roles y patrones de comportamiento predispuestos. ¿Cuál es el germen de este descontento, y cómo ha discurrido su camino en la sociedad desde Van Gogh hasta nosotros?

Los principios de organización social propios del liberalismo burgués se asentaron en las sociedades occidentales desde finales del siglo XVIII, potenciando el modelo del ciudadano libre, del individuo como dueño de sí mismo.  El modo de optimizar la propia libertad en este contexto iba a consistir en prosperar a través del trabajo. Buscar la propia bonanza equivale a contribuir a la buena marcha del Estado, con lo cual disentir respecto de este orden establecido resulta enervantemente ilógico, un síntoma de incapacidad, de pusilanimidad. La errancia y la improductividad son lamentables desperdicios de la libertad del sujeto, y denotan una falta de compromiso social.

Sin embargo, en aquella misma sociedad se abre sorpresivamente una brecha entre la juventud burguesa proclive al arte y la literatura, a través de la cual la improductividad empapa sus cimientos. Surge una nueva adscripción social, una burbuja al margen de los valores morales de su “ideología madre”: la bohemia.