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Hacia la singularidad

Hacia la singularidad

Todos podremos ser mejorados por dentro y extendidos por fuera. La predicción de Ray Kurzweil, experto en Sistemas e Inteligencia Artificial y director de ingeniería en Google, pulveriza los límites entre biología y tecnología, y avisa del advenimiento del humano 2.0. A ese punto de no retorno, que vuelve imprevisible cualquier asunto humano, Mr. Kurz lo llama la Singularidad.

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Hablar de la Singularidad es acabar hablando de Dios —un Dios, algún Dios, ese Dios—, y claro, no sólo es fácil perderse, sino que además poco tiene que ver con una convergencia que apenas podemos vislumbrar en nuestro presente actual. Es fácil acabar deambulando por pensamientos metafísicos camuflados de materialidad científica y tangible, porque aquello que implique proyectar la trascendencia humana nos lanza directamente a realidades en las que nuestra propia experiencia/individualidad marca el camino a seguir. Y hay mucho de esto en el Transhumanismo de Kurzweil (TdK en adelante).

En este contexto, la Singularidad es el momento en el que los humanos nos fundiremos/integraremos con nuestra propia tecnología y con las distintas formas de inteligencia que hayamos creado hasta entonces. Trascenderemos la biología. Aparecerá un humano, siguiente paso evolutivo, del que poco o nada podemos decir, porque escapa a toda forma de comprensión actual. La Singularidad es el evento que conforma el horizonte de nuestra visión sobre nosotros mismos. No podemos ver más allá.

Al seguir siendo humanos, en ningún momento el TdK habla de posthumanos. Para los partidarios de esta visión, el momento de transcender [trans-cender, trans-humano, trans-humanismo] simplemente daría continuidad al paso de un tipo de humano a otro. La evolución como tal no se detendría. Aquel humano postsingularidad se vería a sí mismo tan humano como nosotros lo hacemos al mirarnos. Y como probablemente lo hicieran los cromañones al reconocerse como iguales.